.
Mis experiencias con el tema respiratorio abarca diversas facetas, que abordo en varios puntos:
La más trascendente es lo aprendido de que “donde pones tu Conciencia mientras respiras”, de allá te llegarán los modos de la energía que canalizas hacia ti.
Si la conciencia te la atrapan los Pensamientos, de ellos te irás alimentando; de la cualidad energética que ellos tengan.
Cuando concentras tu conciencia en percibir alguna sensación que ocurra dentro de ti, te alimentarás energéticamente de lo que sea la cualidad de ese sentir.
Si te concentras suficientemente en ese sentir, la energía que tiende a venir en forma de pensamientos se convierte en energía de sentir, disolviéndose aquellos cada vez con más fuerza, por lo que en actos de enfoque de la conciencia hacia un sentir interno pronunciado, la mente toma otro mecanismo de uso de la energía, tal como ocurre cuando potenciamos la audición o el tacto a costa de no prestar atención a la visión, por ejemplo.
Ejercitarnos en inspiraciones profundas forzadas, aunque serenas, así como en la retención posterior del aire, en la espiración plena y en el mantenernos unos instantes sin aire alguno en los pulmones, facilita el “atrapar” la mente hacia la percepción de la sensación que cada una de esas acciones genera en nuestro interior, dejando a un lado la aparición del “usual lenguaje” o forma de manifestación de lo que llamamos pensamiento.
Cuando ese centramiento de la conciencia hacia el “sentir” interno lo ejercitamos con frecuencia y suficiente atención, podremos ir observando cómo la “función pensamiento” se ralentiza considerablemente.
Con esa práctica aplicada a la atención de la respiración, poco a poco adquirimos capacidad para centrar la conciencia en estados internos más sutiles, es decir, de menor incidencia en mecanismos físicos.
Esto nos irá situando, con el tiempo, en la conciencia de cómo nos sentimos internamente (en nuestro estado emotivo y orgánico) en aquellas situaciones en las que nos vayamos encontrando, para que vayamos calibrando cómo vivimos cada situación y no ya sólo qué realizamos fuera en ellas.
Lo de mayor importancia que esto anterior va desarrollando es que nos ofrece la posibilidad de ir constatando desde qué aspecto nuestro (desde qué actitud y ánimo interno) vamos abordando cada momento de nuestra vida y qué resultas va generando, así como el percibirnos parte del objetivo de nuestro hacer, es decir, de ser espectadores y, tras ello, desarrolladores de la personalidad que deseamos vaya tomando las riendas en nuestro ser.
Nos inducirá esto al conocimiento de que mientras más armónicos y equilibrados en nosotros estemos, más eficacia hacia fuera desarrollaremos, cobrando así el trabajo interno personal la trascendencia que realmente tiene.
jueves, 31 de julio de 2008
lunes, 14 de julio de 2008
Más reflexiones sobre la Conciencia del Ego y la del Alma.
.
*** Unas cuantas consideraciones más que me han surgido reflexionando sobre la Conciencia del Ego y la del Alma:
El Ego ofrece a la Individualidad una salida a su problema (de miedo, abandono o soledad) desviando la atención de “lo que está ahí en el interior” como causa del problema, hacia “lo que queremos obtener del mundo exterior”. No será la solución, pero aportará alivio, tal como ocurre con las medicinas basadas en los síntomas externos y no en la causa intrínseca del individuo.
Ejercer poder y control sobre nuestro entorno, al tiempo que buscamos el reconocimiento de los demás, nos da cierta satisfacción de seguridad, pero siempre transitoria, pues no es del entorno de donde surgen las cualidades del mismo, y siempre necesitaremos ir ampliando nuestras estrategias hacia él.
El desarrollo que el Ego ha experimentado con esa constante actualización de estrategias, ha sido muy interesante o valiosa, pero ya reclama de la intervención de otros modos de nuestra mente para dar seguridad estable a nuestras vidas, y la alcanzamos cuando aprendemos a intervenir sobre las actitudes que se instalan en nuestros estados emocionales y en los criterios que alimentan a los pensamientos que canalizamos.
Fácilmente nos dejamos atrapar por la fuerza de nuestros sentidos corporales (sensaciones físicas) y tendemos a volcarnos a dar abastecimiento a aquellos y seguridad al Cuerpo que los genera y mantiene.
La conciencia del alma ama la verdad y no el control y el poder sobre lo externo, y la verdad de la cualidad de lo externo se encuentra en nuestros estados internos, allá hacia lo que tenemos ya que dirigir las pretensiones de nuestra individualidad.
Es comprensible el desconcierto que se produce en el periodo de pase de un modo de conciencia (externa) a otra (interna), como ocurre cuando nos iniciamos en una terapia alternativa que ha de sustituir a aquella en la cual antes nos basábamos plenamente. Sé que es duro cuando hay que decidir qué opción tomar en una situación crítica. Actuar sobre lo crónico (lo con poco aliento de mejoría) es más fácil y es por donde comienzan las terapias alternativas, con poco ya a perder si no resulta, pero en lo que aún pareciera admitir a la vieja medicina es donde está el mérito del atreverse al cambio, mostrando con ello una verdadera apertura a la nueva conciencia.
La primera etapa con la que nos encontramos al iniciarnos en la potenciación de la conciencia del alma, es la observación, comprensión y sanación de nuestras heridas internas que motivaron el establecimiento de la conciencia del Ego. Ahora se trata de que el “reconocimiento” que hemos ido buscando fuera, lo alcancemos dentro de nosotros mismos, yéndonos a percibir los valores que realmente constituyen nuestra esencia, tratando ya de darles vida manifiesta fuera, es decir, materializándolos.
*** Unas cuantas consideraciones más que me han surgido reflexionando sobre la Conciencia del Ego y la del Alma:
El Ego ofrece a la Individualidad una salida a su problema (de miedo, abandono o soledad) desviando la atención de “lo que está ahí en el interior” como causa del problema, hacia “lo que queremos obtener del mundo exterior”. No será la solución, pero aportará alivio, tal como ocurre con las medicinas basadas en los síntomas externos y no en la causa intrínseca del individuo.
Ejercer poder y control sobre nuestro entorno, al tiempo que buscamos el reconocimiento de los demás, nos da cierta satisfacción de seguridad, pero siempre transitoria, pues no es del entorno de donde surgen las cualidades del mismo, y siempre necesitaremos ir ampliando nuestras estrategias hacia él.
El desarrollo que el Ego ha experimentado con esa constante actualización de estrategias, ha sido muy interesante o valiosa, pero ya reclama de la intervención de otros modos de nuestra mente para dar seguridad estable a nuestras vidas, y la alcanzamos cuando aprendemos a intervenir sobre las actitudes que se instalan en nuestros estados emocionales y en los criterios que alimentan a los pensamientos que canalizamos.
Fácilmente nos dejamos atrapar por la fuerza de nuestros sentidos corporales (sensaciones físicas) y tendemos a volcarnos a dar abastecimiento a aquellos y seguridad al Cuerpo que los genera y mantiene.
La conciencia del alma ama la verdad y no el control y el poder sobre lo externo, y la verdad de la cualidad de lo externo se encuentra en nuestros estados internos, allá hacia lo que tenemos ya que dirigir las pretensiones de nuestra individualidad.
Es comprensible el desconcierto que se produce en el periodo de pase de un modo de conciencia (externa) a otra (interna), como ocurre cuando nos iniciamos en una terapia alternativa que ha de sustituir a aquella en la cual antes nos basábamos plenamente. Sé que es duro cuando hay que decidir qué opción tomar en una situación crítica. Actuar sobre lo crónico (lo con poco aliento de mejoría) es más fácil y es por donde comienzan las terapias alternativas, con poco ya a perder si no resulta, pero en lo que aún pareciera admitir a la vieja medicina es donde está el mérito del atreverse al cambio, mostrando con ello una verdadera apertura a la nueva conciencia.
La primera etapa con la que nos encontramos al iniciarnos en la potenciación de la conciencia del alma, es la observación, comprensión y sanación de nuestras heridas internas que motivaron el establecimiento de la conciencia del Ego. Ahora se trata de que el “reconocimiento” que hemos ido buscando fuera, lo alcancemos dentro de nosotros mismos, yéndonos a percibir los valores que realmente constituyen nuestra esencia, tratando ya de darles vida manifiesta fuera, es decir, materializándolos.
domingo, 13 de julio de 2008
Breve esquema del desarrollo del Alma y de la importancia de la Luz y Paz Interior.
.
*** Mi estado interno va generando las características del mundo que me rodea.
*** No utilizo mi mente para proyectar el logro de mis deseos, sino que uso mi Paz Interior para generar la Felicidad que mi Alma necesita, y potencio la intervención de mi Conciencia para ir comprendiendo la Razón de mi Vida.
Surgimos de la Matriz cósmica, de la Unicidad plena, desde la voluntad de constituirnos como Individualidad, como Conciencia específica diferenciada.
En ello adquirimos Conciencia de separatividad, donde fue desarrollándose un Ego, un Yo diferenciado, que asumió el rol de dirección desde la condición de separatividad, desde la consideración de lo que aparecía como diferencias entre los diversos elementos constituyentes de la Unicidad, desde lo que se fue concibiendo como lo externo o formas de manifestación diferentes.
Este Ego se instaló como “conciencia de sí”, de la Individualidad, y fue siendo útil al Alma hasta que las Individualidades adquirieron amplio desarrollo de su discernimiento, preciso para pasar ahora a la comprensión de que a pesar de ser Diferentes y Propios, formamos parte de la Unicidad de la que partieron nuestras Conciencias como brotes ignorantes de sí mismas.
Con la Conciencia Dual ya desarrollada de ser Uno diferenciado y Uno con el Todo o la Unicidad, dejar de conducirnos desde las consideraciones externas y hacerlo desde nuestra propia percepción interna, donde está la raíz de nuestro ser, irá posibilitando la intervención de la conciencia del Alma en lugar de la conciencia externa, carente de fundamentos de las necesidades del “Ser” que “Somos”.
*** Mi estado interno va generando las características del mundo que me rodea.
*** No utilizo mi mente para proyectar el logro de mis deseos, sino que uso mi Paz Interior para generar la Felicidad que mi Alma necesita, y potencio la intervención de mi Conciencia para ir comprendiendo la Razón de mi Vida.
Surgimos de la Matriz cósmica, de la Unicidad plena, desde la voluntad de constituirnos como Individualidad, como Conciencia específica diferenciada.
En ello adquirimos Conciencia de separatividad, donde fue desarrollándose un Ego, un Yo diferenciado, que asumió el rol de dirección desde la condición de separatividad, desde la consideración de lo que aparecía como diferencias entre los diversos elementos constituyentes de la Unicidad, desde lo que se fue concibiendo como lo externo o formas de manifestación diferentes.
Este Ego se instaló como “conciencia de sí”, de la Individualidad, y fue siendo útil al Alma hasta que las Individualidades adquirieron amplio desarrollo de su discernimiento, preciso para pasar ahora a la comprensión de que a pesar de ser Diferentes y Propios, formamos parte de la Unicidad de la que partieron nuestras Conciencias como brotes ignorantes de sí mismas.
Con la Conciencia Dual ya desarrollada de ser Uno diferenciado y Uno con el Todo o la Unicidad, dejar de conducirnos desde las consideraciones externas y hacerlo desde nuestra propia percepción interna, donde está la raíz de nuestro ser, irá posibilitando la intervención de la conciencia del Alma en lugar de la conciencia externa, carente de fundamentos de las necesidades del “Ser” que “Somos”.
miércoles, 9 de julio de 2008
Dualidad complementaria: Relación Femenino/Masculino
.
Conviene primero concretar lo que es propio-esencial de cada uno de estos polos, para entrar luego en un análisis de la situación actual de cada uno de ellos y sus intervenciones recíprocas.
Femenino.- La Unicidad, el Todo unificado, la Interiorización, la Unificación, el Envolver, el Englobar las individualidades, el hacer sentir que Somos Unicidad. Como individuo aspira a Sentir dentro.
Masculino.- La Individualidad, la Separación, la Autodeterminación, la Exteriorización, ayudar a la Diferenciación, a apartarse del dejarse llevar por la generalidad. Como individuo aspira a Sentir-se dentro.
Estamos en un ciclo de la humanidad en el que la Energía Femenina se está elevando en su intervención en el orden y estructuras sociales, tal como ocurriera cíclicamente a lo largo de la historia de la humanidad terrestre, como resultado de las presiones y desconsideraciones de un polo sobre el otro.
Pero una vez más el enfoque de la intervención de la mujer no está siendo desde la fuente de poder de ésta, que es su estructura interna, sino que se le está induciendo al uso de los modos propios de lo masculino, desde la acción externa (estrados, debates, discursos, trabajos físicos,...)
No obstante, también está habiendo otra inducción a que la mujer cultive y potencie su intervención desde actitudes internas, desde las cuales, envuelta en paz, confianza y amor, irá transformando los comportamientos y energías humanas hacia las características de la Nueva Conciencia.
La inercia del rol masculino, de acción externa, ha sido la que ha iniciado el proceso en cuyo carro se ha subido la mujer actual, y esto no es más que el fruto de la intervención de la negatividad (oscuridad, ignorancia, miedo,...) aún reinante. La conciencia realmente femenina tiene que saber ir interviniendo en este nuevo proceso con sus herramientas propias, más allá de las inercias desarrolladas por los roles de competitividad y confrontación, por la pugna de poderes controladores de lo social e individual.
Para que la energía Femenina, en su nuevo reciente resurgir, pueda intervenir desde un rol de armonización y no desde lo tradicional de nueva confrontación con la masculina, precisa de la intervención conjunta de una nueva actitud de la energía Masculina, de aquella que haya comprendido que la Nueva Tierra debe estar regida por la intervención de nuevas actitudes internas de ambas energías.
Así como los factores de Individualidad (inicio de la autodeterminación, de la diferenciación dentro del Todo) surgieron con la intervención de la energía masculina sobre la Unicidad femenina, como factores polares surgidos del Uno indiferenciado, todo cuanto surge de la creatividad femenina pasa por los valores de definición, de concreción (dentro del nuevo elemento creado), que aporta la polaridad masculina, y es por esto que en la nueva conciencia se precisa que la energía masculina intervenga desde la ejercitación en ella de su conciencia interior, de la activación equilibrada entre sus valores externos de masculinidad e internos de feminidad, así como del potenciamiento consciente de la Unicidad.
Hasta ahora la energía masculina ha ido potenciando la conciencia de individualidad, de autodeterminación del Yo. Mas ahora que ya ha captado que todos Somos desde la Unicidad, y que toda intervención externa debe estar acompañada de la conciencia de la actitud interna desde la que brota aquella, de la cual surgen los modos y circunstancias en el mundo externo y social, la nueva intervención de la energía masculina irá enfocada hacia el sentimiento de seguridad externa que envuelva a la energía femenina, para que ésta pueda intervenir desde su potencial creativo interno de paz y concordia, es decir, desde sus verdaderos valores de feminidad.
No se trata, pues, de que lo masculino genere seguridades externas materiales, sino seguridades a los niveles internos de sí mismo y de la energía femenina. No debe pretender asegurar la subsistencia, sino los sentimientos internos desde donde brota todo acontecer de la vida, de los que va a depender más tarde los modos de la existencia.
Si bien ambas energías están presentes en cada individuo y ambos pueden dar lugar a creaciones externas de ambientes y modos de relación humana, será con la interacción conciente de ambos (hombre y mujer) como esas creaciones adquieran en el campo de la Dualidad (la vida terrestre) una realidad verdaderamente trascendente y estable.
El hombre, al estar configurado con una envoltura o aspecto Yin (exteriorizante) y un corazón o núcleo Yang (interiorizante), su intervención será hacia aspectos externos, aunque considere en él (en su nueva actitud consciente) la intervención de su núcleo. Recordemos el símbolo del Yin-Yang interaccionándose mutuamente. La mujer puede actuar con su energía envolvente Yang en los aspectos internos, si bien debe hacerlo desde lo que puede aportar la intervención de su núcleo Yin sobre su entendimiento. La trascendencia, pues, de sus intervenciones surgirá desde la oportuna interacción equilibrada de ambos, que requiere del propio equilibrio individual por separado entre sus factores yin y yang que a cada uno de ellos (hombre y mujer) constituye.
Angel Baña
Conviene primero concretar lo que es propio-esencial de cada uno de estos polos, para entrar luego en un análisis de la situación actual de cada uno de ellos y sus intervenciones recíprocas.
Femenino.- La Unicidad, el Todo unificado, la Interiorización, la Unificación, el Envolver, el Englobar las individualidades, el hacer sentir que Somos Unicidad. Como individuo aspira a Sentir dentro.
Masculino.- La Individualidad, la Separación, la Autodeterminación, la Exteriorización, ayudar a la Diferenciación, a apartarse del dejarse llevar por la generalidad. Como individuo aspira a Sentir-se dentro.
Estamos en un ciclo de la humanidad en el que la Energía Femenina se está elevando en su intervención en el orden y estructuras sociales, tal como ocurriera cíclicamente a lo largo de la historia de la humanidad terrestre, como resultado de las presiones y desconsideraciones de un polo sobre el otro.
Pero una vez más el enfoque de la intervención de la mujer no está siendo desde la fuente de poder de ésta, que es su estructura interna, sino que se le está induciendo al uso de los modos propios de lo masculino, desde la acción externa (estrados, debates, discursos, trabajos físicos,...)
No obstante, también está habiendo otra inducción a que la mujer cultive y potencie su intervención desde actitudes internas, desde las cuales, envuelta en paz, confianza y amor, irá transformando los comportamientos y energías humanas hacia las características de la Nueva Conciencia.
La inercia del rol masculino, de acción externa, ha sido la que ha iniciado el proceso en cuyo carro se ha subido la mujer actual, y esto no es más que el fruto de la intervención de la negatividad (oscuridad, ignorancia, miedo,...) aún reinante. La conciencia realmente femenina tiene que saber ir interviniendo en este nuevo proceso con sus herramientas propias, más allá de las inercias desarrolladas por los roles de competitividad y confrontación, por la pugna de poderes controladores de lo social e individual.
Para que la energía Femenina, en su nuevo reciente resurgir, pueda intervenir desde un rol de armonización y no desde lo tradicional de nueva confrontación con la masculina, precisa de la intervención conjunta de una nueva actitud de la energía Masculina, de aquella que haya comprendido que la Nueva Tierra debe estar regida por la intervención de nuevas actitudes internas de ambas energías.
Así como los factores de Individualidad (inicio de la autodeterminación, de la diferenciación dentro del Todo) surgieron con la intervención de la energía masculina sobre la Unicidad femenina, como factores polares surgidos del Uno indiferenciado, todo cuanto surge de la creatividad femenina pasa por los valores de definición, de concreción (dentro del nuevo elemento creado), que aporta la polaridad masculina, y es por esto que en la nueva conciencia se precisa que la energía masculina intervenga desde la ejercitación en ella de su conciencia interior, de la activación equilibrada entre sus valores externos de masculinidad e internos de feminidad, así como del potenciamiento consciente de la Unicidad.
Hasta ahora la energía masculina ha ido potenciando la conciencia de individualidad, de autodeterminación del Yo. Mas ahora que ya ha captado que todos Somos desde la Unicidad, y que toda intervención externa debe estar acompañada de la conciencia de la actitud interna desde la que brota aquella, de la cual surgen los modos y circunstancias en el mundo externo y social, la nueva intervención de la energía masculina irá enfocada hacia el sentimiento de seguridad externa que envuelva a la energía femenina, para que ésta pueda intervenir desde su potencial creativo interno de paz y concordia, es decir, desde sus verdaderos valores de feminidad.
No se trata, pues, de que lo masculino genere seguridades externas materiales, sino seguridades a los niveles internos de sí mismo y de la energía femenina. No debe pretender asegurar la subsistencia, sino los sentimientos internos desde donde brota todo acontecer de la vida, de los que va a depender más tarde los modos de la existencia.
Si bien ambas energías están presentes en cada individuo y ambos pueden dar lugar a creaciones externas de ambientes y modos de relación humana, será con la interacción conciente de ambos (hombre y mujer) como esas creaciones adquieran en el campo de la Dualidad (la vida terrestre) una realidad verdaderamente trascendente y estable.
El hombre, al estar configurado con una envoltura o aspecto Yin (exteriorizante) y un corazón o núcleo Yang (interiorizante), su intervención será hacia aspectos externos, aunque considere en él (en su nueva actitud consciente) la intervención de su núcleo. Recordemos el símbolo del Yin-Yang interaccionándose mutuamente. La mujer puede actuar con su energía envolvente Yang en los aspectos internos, si bien debe hacerlo desde lo que puede aportar la intervención de su núcleo Yin sobre su entendimiento. La trascendencia, pues, de sus intervenciones surgirá desde la oportuna interacción equilibrada de ambos, que requiere del propio equilibrio individual por separado entre sus factores yin y yang que a cada uno de ellos (hombre y mujer) constituye.
Angel Baña
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
